En lo no dicho de un discurso apenas susurrado siempre hay dos corazones, uno recibe leyendo entre líneas y el otro intenta no revelarse demasiado. Esta dinámica es la misma que desencadena los cortocircuitos entre personas. Toda relación humana no se basa tanto en las palabras pronunciadas como en las que han permanecido en silencio.
Esa infusión de silencios, ese ritmo lleno de penumbra color rubí es el Amativo, el vino obtenido de uvas Primitivo y Negroamaro del Salento. La violeta y la rosa palpitantes adornan la toma segura de este armónico discurso, en parte silenciado y, por tanto, hecho vino. El Amativo es la conjugación de la atmósfera antigua de los pueblos del sur en la controra, es decir, el momento del día aceptado por todos como una tregua durante los asedios del vivir cotidiano. Una especie de concierto de silencio, ejecutado perfectamente por una orquesta hecha de varios tipos humanos.