El destino llega sin invitación y sin quitarse el sombrero. En la historia de nuestra bodega es doblemente cierto, ya que el destino, en efecto, se quitó los guantes y dejó la maleta: era una mujer capaz de reconocer en la voz mínima de los vinos a granel del sur de Italia, un concierto mucho más vasto.
El nombre de esta mujer, Teresa Manara, es la esencia y la clave de bóveda de una pasión familiar, el sentido del arte de vinificar y de todas las vendimias vividas por las generaciones que se han sucedido, tal como lo hacen los actores de una obra replicada varias veces y convertida en un clásico, en una tierra madre cuando las estaciones cambian, al igual que las vidas humanas, una en la otra. Por ello, Teresa Manara, no es solo el nombre de un Chardonnay, de un Negroamaro y de un Primitivo, sino un parteaguas de la memoria, el homenaje amoroso a la mujer, la madre, la esposa, la musa inspiradora y la abuela.
Teresa Manara atravesó la Italia de los años en que las empresas aún estaban reservadas a los hombres, con un temperamento del que hoy están impregnadas las más importantes selecciones de Chardonnay, de Negroamaro y de Primitivo firmadas, en los años noventa, por su hijo Augusto Cantele.